gabriel impaglione, argentina
La ciudad resiste nocturna
- y silenciosa
- anclada a una hora
- de vendaval infinito.
- Sacude su estructura
- de laberinto dormido
- la dura artillería
- del viento ingobernable.
La casa es un barco.
- Ha surcado el tiempo
- amor, hasta encontrarnos
- y ahora ha clavado
- su quilla en esta altura.
- Te miro mientras tanto
- un gemido traza en la ventana
- su estela negra.
- Mientras oscuros tambores
- llaman al combate en los postigos
- y se llena el aire de perdidas palabras.
- Digo tu nombre mio, Mía
- y la niña de tu boca me reclama.
- Te miro mientras tanto
- un gemido traza en la ventana
- su estela negra.
- Mientras oscuros tambores
- llaman al combate en los postigos
- y se llena el aire de perdidas palabras.
- Digo tu nombre mio, Mía
- y la niña de tu boca me reclama.
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Por lobitogabriel - 23 de Septiembre, 2005, 13:09, Categoría: poesia
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